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Pensar en Haití me resulta muy difícil. Diría imposible. Y creo que eso se debe a la importante distancia física que me separa de la zona del desastre, de las calles atiborradas de escombros y cuerpos por doquier, de los desesperantes pedidos de auxilio o ayuda por parte de los damnificados, de las miradas sin vida que penetran en mi cabeza a través de los medios de comunicación, de los gritos que no escuchamos, de los olores nauseabundos que no sentimos, de las personas que no lloramos porque no los conocíamos. Y todo lo demás, porque no estamos ahí. También diría que aquella distancia geográfica está intrínsecamente conectada de algún modo a las diferencias de pensamientos que tenemos acá y que existen allá. Lo que quiero arrojar, y por lo que estoy rumiando ideas, es una pregunta: ¿por qué allá y no acá? ¿Por qué a ellos y no a [NOS]otros? ¿Por qué un desastre más en un país castigado tantas veces?

Haití está en boca de todos; y entre ellas las nuestras, que no están allí. Porque si estuviéramos en ese pequeño país negro, dudo que podamos hablar claramente. Seguro que la inminente necesidad de actuar, de ir y venir, de llevar y traer, de tratar de que otros vivan –o sobrevivan-, si es que nosotros no sufrimos un trágico final debido al terremoto, nos tendría ocupados 25 horas al día. Supongo que las capacidades mentales de cualquier persona ante semejante desastre se agolparían en la puerta de la orden cerebral que dice: “ACCIÓN”, “ACTUÁ”.

Y pienso e imagino esto porque si yo estoy escribiendo ahora y vos me estás leyendo, se debe a que ambos no estamos realmente ahí, en Haití.

Podemos “estar” desde el sentimiento, la compasión, el padecimiento, la desazón, pero creo imposible darnos cuenta de lo que verdaderamente nuestros hermanos haitianos están viviendo. Y algunos, muriendo.

Entonces, dadas las distancias geográficas que nos separan con la pequeña nación centroamericana ¿qué podemos hacer desde acá?

Aunque sea, sería válido preguntarnos ¿qué haríamos nosotros si estuviéramos en su situación? Sin embargo, si doy una vuelta de rosca más a mi cabeza, creo que esa actitud quizás resultaría insuficiente.

¿Deberíamos estar en Haití?

N. de R.: las imágenes fueron sacadas de la web del diario La Nación

Explosiones, luces, colores, fuegos artificiales, globos, corchos por doquier, garrapiñadas y chocolates, helado, y comidas frías armaron el escenario en mi casa para festejar el comienzo del nuevo año. Y lo mejor de todo, despedir el 2009. Pero obvio que lo más valioso fue saludar a cada uno de los integrantes de mi familia después de varios años en los que algunos decidieron seguir su camino en latitudes diferentes a la mía. Siempre digo que la globalización caló de manera importante en los Caminos.

“Año nuevo, vida nueva”, reza un dicho que desconozco su origen y creador, pero que nos permite dar una bocanada de aire fresco cada primero de enero a las 0 y un segundo. Está claro que nuestra vida no va a cambiar radicalmente de un día para el otro, pero también es cierto que un nuevo año siempre renueva las expectativas hacia delante, distintos proyectos puede que se agolpen en nuestras cabezas; y tal vez, ahora sí, este año hacemos lo posible para llevarlos a cabo.

Esto puedo decir a un nivel micro, personal, individual. Pero también quiero hacer referencia al poder pensarnos como un conjunto de personas que construimos –y porqué no también, a veces, destruimos- nuestro país, nuestra Argentina. El 2010 llega con la impronta del “Año del Bicentenario de la Revolución de Mayo”. Más allá de que parezca un título publicitario, ojala que se aproveche para que millones de nosotros pensemos -aunque sea de forma mínima- que pasó hace 200 años, y qué pasa hoy. Qué nos pasó y que nos pasa.

Y esto lo digo porque tengo el convencimiento de que si no somos capaces de pensarnos como un todo, como individuos que viven en comunidad junto con miles y millones de demás personas, será muy difícil poder conseguir nuestros objetivos personales que deseamos. Por más que nuestra idea o proyecto para 2010 (y los años venideros) sean intrínsecamente personales, existen indefinida cantidad de factores a nivel sociedad que conjuran –de alguna forma u otra- para que las cosas sucedan.

Entonces, creo que todo nos va a salir bien, si entre todos estamos bien. Este es mi anhelo para el nuevo año que comenzó hace pocos días.

N. de A.: Fotografía tomada por Daniel Caminos.

“El clima es una cuestión de física, no de política”, dijo esta semana el ex vicepresidente norteamericano Al Gore. El problema en estos casos es que la decisión final no está en manos de los científicos. Y para los políticos, guiados por sus propias agendas, el cataclismo previsto para 2100 no tiene ninguna importancia electoral.

Luisa Corradini / Corresponsal en Francia del diario La Nación

http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1213593