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Los hechos que ocurren en cualquier lado están llegando a cualquier otro lado en segundos. Un fiel reflejo de la globalización que hoy nos abraza y nos cobija. Pero esto es harto conocido, lo vivimos como una cotidianeidad.
Durante los últimos meses del año pasado la “crisis financiera internacional” captó el interés de ¿todo el mundo?. Los días negros en Wall Street opacaron hasta el almacenero de mi barrio. Sus números también parecían mancharse del nuevo color “negro crisis”. Nadie hablaba de otra cosa. Parecía que el planeta sólo caía en un agujero profundo, oscuro y tenebroso.
Pero la “crisis financiera internacional” pasó, algo mucho más chiquito la sacó de nuestras mentes.
En marzo y abril, Argentina estuvo “enferma de dengue”. Todo empezó en un pequeño pueblo de Chaco que hasta ese momento nadie conocía. Y es probable que dentro de un tiempo no muy lejano nadie lo recuerde. La propagación del mosquito avanzaba proporcionalmente a nuestro miedo, nuestra preocupación, los titulares de diarios, y –por lo tanto- nuestra especulación. Los fabricantes de repelentes salvaron un año que lo veían negro por la crisis. Increíble cómo confluyeron dos hechos totalmente diferentes.
Pero hoy -ya en mayo- el mosquito que transmite el dengue fue aplastado por un chancho. O mejor dicho, por la “gripe porcina”. O mejor dicho, por el nuevo virus H1N1. ¿Qué significan esas siglas? El mundo está colocándose un barbijo de a poco, al ritmo de las advertencias de la Organización Mundial de la Salud. Esta vez, la industria farmacéutica está frotándose las manos de felicidad.
Pero ya nadie se acuerda del mosquito ni de la crisis. Así como tampoco tenemos en cuenta a la pobreza de millones, al calentamiento global, y a las guerras en lugares inhóspitos para nuestra cabeza. Y lo mismo sucederá con la “gripe porcina”. Mañana una nueva noticia la reemplazará.
Parece una paradoja de la globalización, en la que todos corremos. El ritmo de las noticias es tal que nuestra vida se ve obligada a ser tan dinámica como ellas. ¿Cuándo pararemos la pelota para mirarnos entre nosotros e intentar cambiar? Espero que los latidos de mi corazón no se vuelvan mudos ante el ruido de mi carrera.

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