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Llueve en la ciudad, aunque menos copiosamente que hace unos minutos. Su cara se moja con las gotas que la atraviesan. Su sonrisa, indiferente al agua, continúa firme mostrando sus blancos y relucientes dientes. Su rostro y su nombre se están manchando, si es que no lo están desde antes que esté colgada su imagen en el poste de mi calle. Dice ser candidato a senador o a diputado, no recuerdo bien, pero más o menos son lo mismo. Igual no va a asumir, igual va a faltarnos el respeto si lo votamos. Gane o pierda. “Candidaturas testimoniales” bautizaron los medios esta ¿nueva? forma de hacer política. ¿Cómo llegamos a esto? ¿Qué nos pasó en el camino?
Parece que hacer política es cada vez más un juego de unos pocos, de muy pocos, o de uno solo en algunos casos. Candidatos elegidos “a dedo”, elecciones internas y candidaturas resueltas en mesas de negocios y conveniencias, y total violación al código electoral. La fecha de las elecciones se modifica como si se adelantara o pospusiera la fiesta por algún cumpleaños. La propaganda con afiches inunda la ciudad aunque esté prohibida ¿Quién va a limpiar poste por poste y pared por pared cuando estemos en julio?
Y lo más grave, ¿quién tiene en cuenta a la sociedad, al electorado, al resto de los argentinos que supuestamente delega la administración de la cosa pública a los políticos?
Alguna vez leí que los políticos argentinos son un reflejo fiel de la sociedad o, dicho de otra manera, que la sociedad argentina posee los políticos que se merece. Quizá sea cierto, en algún sentido. Nadie es perfecto, y si hacemos un recorrido entero por nuestras vidas fácil nos será encontrar un momento en el que quisimos tomar ventaja de algo, por más pequeño que sea. Pero también es verdad algo que escuché hace unos días: “no todos los argentinos somos ladrones, sino no existiríamos como país. Habrá un cinco por ciento que afana, y un 95 por ciento que trabaja todos los días para vivir dignamente” comentaba Jorge Lanata en su nuevo programa de televisión.
No estoy diciendo nada nuevo, pero sería peor resignarnos a aceptar esto que nos sucede.

voto

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