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guerra

Él se despierta de golpe. El sonido de las sirenas retumba en sus oídos como un taladro. Yo sólo siento el despertador del celular que me obliga a abrir los ojos, pero puedo tomarme unos minutos para seguir en la cama “haciendo fiaca”.

Mientras él salta de la cama ya vestido y corre a la pieza de sus hermanos más pequeños y de sus padres, yo pierdo mi tiempo buscando las hojotas debajo de la cama. También voy a la pieza de mi madre, pero a darle un beso y decirle “buenos días”.

Él no alcanza a desayunar, el altoparlante instalado en la esquina de su calle le advierte que tiene que dirigirse lo más rápido posible al refugio más cercano. La construcción blindada se encuentra a poco más de cien metros. Su corazón palpita muy rápido, literalmente parece que va a salirse de su cuerpo. Yo enciendo la radio, escucho una –para mí- excelente canción de rock. A su vez voy preparando el desayuno, y admiro a los pajaritos que revolotean por mi patio, con el sol alumbrando una hermosa mañana.

Cargando a su hermano de apenas cinco años, y ayudando a sus padres, él consigue entrar al refugio donde se encuentran casi todos sus vecinos. El lugar está lleno, parecen sardinas enlatadas. El silencio recorre entre ellos cuando las bombas comienzan a caer en las calles y casas. Yo disfruto de un café con leche y medialunas, y escucho a mi madre contarme sobre un sueño que tuvo: volaba en el aire como un ave. Él sólo soñó con la muerte, o por lo menos con el miedo. Lo visitan diariamente.

¿Son justas estas diferencias? ¿Él está en el infierno y yo en el paraíso? ¿O al revés? Es lo que nos toca hoy, pero agradezco poder pensar en él. Así me conformo con que no hay una sola realidad, la mía. Y que cualquier otra merece ser respetada, entendida y compartida.

Ésta es la única forma que tengo para relacionarme con él, por lo menos en estos días. Espero tener la oportunidad de conocerlo en un futuro próximo. O aunque sea el lugar dónde vive o vivió. Yo también soy como él.

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One Comment

  1. Las grandes injusticias sociales ya no pueden simplemente ser contestadas por la división de clases. La cosa es más compleja… Luchar por los derechos humanos es tarea de toda la gente y, todavía más, de los que pueden hacerlo. Que bien que el mundo es mezclado y que hay gente como tú, que sabes y puedes escribir directamente al corazón de la gente! Gracias, Mauricio!


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