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adiosParado a su lado, sentía que de a poco su piel iba erizándose. No tenía miedo, no tenía alegría, no estaba nervioso, no estaba sufriendo. Pero la imagen que captaban sus ojos generaba sensaciones encontradas en su interior.

Había llegado al pueblo hacía media hora, con el calor sofocante del norte dándole la bienvenida. Su pantalón de jean y su camisa mangas cortas no podían hacer mucho frente al tufo casi insoportable de este típico día de verano. Sin embargo, algunas personas de ahí decían que sabe hacer mucho más calor. Él no se lo creía.

Después de caminar unos cien metros, entró en la sala que, por suerte, tenía aire acondicionado. Seguido de algunos parientes y amigos de sus padres, caminó hasta la habitación principal. El silencio era el jefe del lugar, y sólo era interrumpido por algún que otro sollozo o pequeña conversación. Las charlas se daban en voz baja, parecía que los presentes no querían despertarlo.

Había gente, unas treinta personas, aunque al caer la tarde la cantidad llegaría a cien a simple vista. Saludó a todos, pero diferenciando entre ellos. A los conocidos con un beso, y a los demás con un simple y escueto “hola” o “buen día”. Esa era una típica costumbre de pueblo, algo que en la ciudad se niega por miedo a los desconocidos.

Todos estaban en ese sitio por una sola razón. Algunos habrán participado más veces de ejemplar reunión, otro menos, pero cada una se vive con una intensidad particular que las hace única e inolvidable. Todos quisieran olvidarla, pero es inevitable, tanto que algún día seremos el centro de la fiesta, los protagonistas de la convocatoria.

Abrazó a su madre, su abuela, su primo, su otro primo y su tía. Intercambió con ellos miradas y gestos de compasión y solidaridad. Era claro quién faltaba. En realidad, estaba presente a su manera. Parado a su lado, sentía que de a poco su piel iba erizándose. No tenía miedo, no tenía alegría, no estaba nervioso, no estaba sufriendo. La imagen que captaban sus ojos explicaba todo: su tío yacía en el cajón y su cuerpo físico dormirá en la tumba. Su espíritu estará en paz, esperándolo.

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