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violencia

“Cuando voy a la guerra busco la ternura, busco la compasión, y busco la solidaridad”, sabía decir el periodista polaco Ryszard Kapuscinski. Esta sería una manera particular de ver tan fatídica manera de resolver algunos problemas. Y digo esto porque estamos en tiempos de guerra.

Todos los días desde el noticiero llegan noticias sobre el devastador avance de los militares israelitas contra los palestinos –entre otras situaciones de violencia en el mundo-. Y digo palestinos porque aunque Israel tenga el objetivo de destruir el grupo terrorista Hamas, pareciera que la idea final es borrar de la faz de la tierra a todos los habitantes de Palestina, quienquiera que sea.

Esto es lo que todos conocemos convencionalmente como “guerra”; es decir, un enfrentamiento bélico entre partes donde, generalmente, mueren personas inocentes y ¿culpables?

También debemos considerar a la guerra el mundo en sí en el que estamos viviendo y la forma en el que sobrellevamos las cosas. El pensamiento individualista y el hambre de competencia son algunos de los aspectos que nos hacen enfrentar con nuestros pares más próximos. Y para esto no hace falta estar en Medio Oriente. En cualquier rincón de nuestra ciudad encontramos situaciones “de guerra”, en la que la destrucción del otro –o la simple ignorancia hacia su persona- son nuestro leit motiv. Y esto es tan grave como lanzar una bomba o disparar una ametralladora.

Hay diferencias físicas, situacionales, etc. -claro está-, pero la esencia es común. No sé si es por una cuestión de suerte o algo del destino, pero mi vida hoy me toca en Córdoba que, comparada con Bagdad, es un paraíso terrenal. Pero ¿realmente valoramos esto que tenemos y la libertad que podemos gozar? Es muy difícil hacernos la idea de que hay personas en otra parte del mundo que tienen miedo de salir de su casa porque una bomba puede caerles en su cabeza, mientras estamos en la plaza riendo y disfrutando con amigos. Es lo que nos toca, es verdad. Pero tener en cuenta que hay otros humanos sufriendo puede ayudarnos a repensar ciertas actitudes y acciones que pueden perjudicar a alguien. Debemos buscar la ternura, la compasión y la solidaridad en nuestra propia tierra.

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