
La ciudad se levanta sobre el cemento, aquí y allá, y sobretodo hacia arriba. Supongo que su edificio más chico es el más grande en la mía, en mi ahora –pienso- “ciudad-pueblo”. Mi mirada intenta abarcarlo todo, pero el paisaje va mucho más allá que el ángulo de visión de mis ojos. Todo parece importante a la vista; todo atrae para ver, conocer y hasta –algunas cosas- admirar. El gentío va y viene, las calles parecen aguantar con resignación el paso de tantos autos y colectivos, y debajo de mis pies el recorrido de los subtes continúa sin cesar.
Buenos Aires es así, imponente para quien la visite viajando desde cualquier punto del interior del país. Es incomparable semejante mastodonte de metrópolis con algunas de las otras “grandes” ciudades de Argentina. Y para este cordobés capitalino que fue por primera vez, no es la excepción.
Tanta diferencia estructural hace reflotar aquella frase que reza “Dios atiende en Buenos Aires”. ¿Tendrá sucursales en las provincias? Podríamos decir que “algo hay”, pero los gobernantes de turno deben mendigar en la rosada –y enrejada- construcción que adorna la Plaza de Mayo para tener oxígeno en sus cuentas; pero los argentinos del interior deben rogar una relación de obediencia de su autoridad para con el Gobierno central para obtener las obras que se merecen; pero un cordobés –por ejemplo- debe viajar a la Capital Federal para conseguir su DNI rápido, como si no fuera su derecho, porque en la Docta puede demorar tranquilamente un año; pero muchos “de acá” deben viajar “hacia allá” para conseguir un futuro mejor; pero la repartija de la torta se hace en la base del Obelisco.
Aunque esto parezca un canto de reproches, sólo intento reflejar un poco la realidad de algunas pocas cosas –de las tantas que se podrían enumerar- que no hay en el resto de nuestro país.
Ojala podamos construir un país realmente federal algún día, aunque nuestro pasado y presente bicentenario esté marcado por un centralismo casi absoluto de Buenos Aires. Sin embargo, no significa necesariamente que el cemento deba levantarse aquí y allá, sobretodo cubriendo los hermosos paisajes de nuestro territorio y acabando con la tranquilidad de tantísimos lugares.
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